Crítica de Whistle: El silbido del mal ★★★☆☆ Muy del estilo de Destino Final

 


Corin Hardy, director de La monja [2018], nos trae Whistle: El silbido del mal, una película de terror en la que un grupo de estudiantes inadaptados encuentra por accidente un objeto maldito: un antiguo silbato de la muerte azteca, que al usarlo, el terrorífico sonido que produce, invoca a sus propias muertes futuras para perseguirlos.

La película rinde homenaje a películas de terror de adolescentes en institutos de finales de los años 90 y principios de los 2000, incluso la banda sonora es muy de la época, que por cierto es otro de los puntos fuertes de la película junto al sonido. Sin duda alguna, con la que encuentro más similitudes, es con la saga Destino Final, por el hecho en el que una vez los personajes invocan a la muerte, la muerte viene a por ellos, incluso hacen referencia a matar a alguien para que la muerte les salte y vaya a por otro, el clásico una vida por otra vida.

Una de las cosas que más me han gustado, es la idea de que la muerte venga en la apariencia final de la futura muerte del personaje, lo cual me pareció muy interesante. Otro aspecto a favor son las diferentes muertes, varias de ellas espectaculares.

Por lo demás, tiene varios clichés del género, como algún que otro susto, y el grupo típico de adolescentes compuesto por la chica guapa del instituto, el deportista, el friki, la chica rebelde, el camello... y acorde con los tiempos actuales, la inclusión a modo de la pareja de lesbianas protagonista que forman Dafne Keen (a la que vimos en Logan) y Sophie Nélisse (la protagonista de La ladrona de libros).

La película tiene un buen ritmo desde el principio, con el joven jugador de baloncesto, hasta el final, por  lo que además de entretenida, cumple como película de terror. Por cierto, hay escena post-créditos.

Nota: ★★★☆☆ Buena.

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